Se nos pide que hagamos una reflexión personal sobre la biotecnología y los llamados «bebés de diseño».
Antes de expresar mis reflexiones sobre este tema, debo indicar que este campo está lleno de elementos científicos sobre los que no me siento capacitado para hablar con autoridad. En primer lugar, porque no soy profesional de la medicina; y en segundo lugar, porque ésta es mi primera aproximación teórica al tema.
Dicho esto, mis consideraciones son esencialmente personales, basadas en los vídeos que he visto, en algunos artículos que he tenido la oportunidad de leer y en lo que me quedó en la mente tras la reunión en persona con el profesor Andruet.
A este respecto, un artículo publicado en la Revista del Instituto Tecnológico de Costa Rica ofrece una definición clara de en qué consiste el tratamiento genético. En él se afirma que
«El tratamiento genético puede ser paliativo o curativo.
El primero actúa principalmente sobre las células somáticas y se parece a la terapia clásica. El tratamiento curativo, en cambio, se realiza sobre células de la línea germinal y pretende «curar» genes gravemente defectuosos, evitando que reaparezcan en el futuro. Ahora bien, cuando se pretende remediar una enfermedad hereditaria mediante la técnica DPG, está claro que se trabaja sobre células de la línea germinal. Por otra parte, según Vidal, la terapia génica con células somáticas se parece a un trasplante de óvulos (Vidal, 1998: 156); sin embargo, puede decirse lo mismo de la terapia germinal».
Basándonos en esta definición, podemos observar que la biotecnología no sólo busca curar o prevenir enfermedades, sino que también abre la puerta a la modificación de las características humanas en etapas muy tempranas de la vida. Esto plantea profundas cuestiones éticas sobre los límites de la intervención en la naturaleza humana, quién decide lo que es «normal» o «deseable», y el posible uso de estas técnicas para fines que no sean estrictamente médicos.
Personalmente, creo que el tema de los «bebés de diseño» nos obliga a reflexionar sobre la dignidad humana y la responsabilidad social de la ciencia. Aunque la idea de prevenir enfermedades hereditarias es, en principio, positiva, la posibilidad de seleccionar rasgos físicos o intelectuales puede crear desigualdades y una visión utilitarista del ser humano. Además, existe la preocupación de que esta tecnología sólo sea accesible a determinados sectores privilegiados, lo que ampliaría las brechas sociales.
En conclusión, aunque reconozco que la biotecnología tiene un gran potencial para mejorar la calidad de vida, también creo que su uso debe estar estrictamente regulado y guiado por objetivos éticos y humanitarios. La intervención genética en seres humanos, especialmente en las primeras fases, debe abordarse con cautela, responsabilidad y un debate público informado.
En el vídeo «¿Qué piensan los que no piensan?»
Un grupo de expertos debate si la ingeniería genética es positiva para la humanidad, si la eugenesia terapéutica se ajusta a los términos éticos y si nos estamos deshumanizando al crear «bebés de diseño» o «niños medicina». ¿No tendría límites toda ingeniería genética? Y si los tiene, ¿cuáles serían esos límites?
La discusión de estos temas es profunda y difícil de abordar objetivamente, al menos así me lo parece a mí. Como mencioné en el foro, entiendo que las capacidades y talentos humanos nos han llevado a superar muchos aspectos de la vida: hemos creado vacunas que han eliminado enfermedades mortales, hemos curado la lepra, hemos desarrollado antirretrovirales para el SIDA y hemos inventado dispositivos que ahora vemos como normales en nuestra vida cotidiana, como ordenadores, coches e incluso frigoríficos. Pensar que nada de esto existía hace 100 años parece increíble, y sin embargo hoy convivimos con ellos de forma natural.
El debate sobre la manipulación genética afecta a la vida de nuestras generaciones, y aunque entiendo que no debe prohibirse debido a los beneficios potenciales que puede aportar a la sociedad, creo que debe regularse profundamente.
Así pues, mi primer argumento va dirigido a establecer que creo que la singularidad humana debe respetarse siempre. Creo que la intervención humana en la genética nunca debe permitir el nacimiento de una categoría superior de seres humanos. Cualquier esfuerzo que conduzca a la aparición de una raza superior o de una categoría de seres humanos superiores debe estar absolutamente prohibido por la ley. No veo ninguna diferencia entre esto y lo que ocurrió en Alemania, que acabó con la muerte masiva de muchas personas y con el intento de establecer la supremacía de una raza. La posibilidad de manipular a los seres humanos y dotarlos de capacidades especiales o mejoradas debería estar totalmente prohibida, del mismo modo que está prohibido el dopaje en el deporte.
Comparto plenamente el argumento de la Iglesia católica, en el sentido de que la biotecnología debe considerarse como herramientas que ayudan a mejorar, desarrollar y complementar la naturaleza. En ese sentido, mientras las técnicas estén destinadas a complementar la naturaleza y no a superarla, las considero totalmente aceptables. Entiendo que un ser humano existe desde la concepción y que es Dios quien permite que exista la vida, aunque comience en un tubo de ensayo.
Y ahora, respecto a los «niños medicina», entiendo que es una trágica realidad que cosifica la vida humana. Cuando una persona dona órganos para salvar la vida de otra, es uno de los actos humanos más nobles y hermosos. Sin embargo, crear a una persona y predestinarla a ser el donante de otra persona es contrario a la dignidad humana, porque cosifica la vida de ese recién nacido. Ninguna técnica que trate a un ser humano como un objeto puede ser válida o correcta, y esta opinión no se basa en mis creencias religiosas, sino en los derechos humanos implicados en la cuestión.
En relación con esto, me gustaría citar lo que Carlos María Romeo C. afirma en su artículo «Genética y Biotecnología en las Fronteras del Derecho», cuando dice
La dignidad humana se invoca a menudo cuando se debaten aspectos éticos y jurídicos que afectan a las ciencias biomédicas. En este sentido, la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la UNESCO la proclama expresamente en varias partes de su texto: por ejemplo, «toda persona tiene derecho a que se respeten su dignidad y sus derechos, cualesquiera que sean sus características genéticas» (art. 2, b); asimismo, al considerar la clonación con fines reproductivos como contraria a la dignidad humana (art. 11); y al rechazar por la misma razón la terapia génica germinal (art. 24). Por su parte, el Protocolo Adicional al Convenio del Consejo de Europa sobre …
Derechos Humanos y Biomedicina sobre la prohibición de la clonación de seres humanos, de 12 de enero de 1998, en su Exposición de Motivos vincula expresamente esa posible práctica a la dignidad humana, cuando recuerda que la finalidad del Convenio es proteger la dignidad y la identidad de todos los seres humanos (art. 1, párr. 1 de este último).
Cada vez más instrumentos jurídicos internacionales proclaman la dignidad de la persona como un predicado del ser humano que debe permanecer intangible (10, p. 44), y algunos textos constitucionales también la mencionan expresamente. Ejemplos relevantes de esto último, ya que reflejan criterios diferentes, son la Ley Fundamental alemana de 1949 (art. 1) y la Constitución de la Confederación Suiza (art. 7), que la proclaman como derecho fundamental -en el sentido estricto antes indicado- (…).
