Cuando asistía a la Facultad de Derecho, en mis clases de derecho de sucesiones, discutíamos si un hijo biológico podía heredar aunque no hubiera sido concebido en vida del padre. Cuando surgió esta discusión, nuestro profesor hizo hincapié en la necesidad de reformar el Código Civil y, al mismo tiempo, destacó lo importante que es para los sistemas jurídicos adoptar posturas claras sobre las cuestiones que el desarrollo del mundo, en sentido general, ha llevado al escenario jurídico.
Son precisamente los avances de la humanidad en el campo biomédico, las cuestiones medioambientales y las ciencias sociales los que justifican la aparición de la bioética. En su artículo sobre bioética, escrito por Daniel Callahan para la Enciclopedia de Bioética, explica los orígenes de esta disciplina de la siguiente manera:
(…) es una disciplina completamente nueva, nacida de los extraordinarios avances de la biomedicina, el medio ambiente y las ciencias sociales. Estos avances han proporcionado un nuevo mundo de amplia comprensión científica e innovación tecnológica, que parece cambiar para siempre las intervenciones en la vulnerabilidad de la naturaleza y del cuerpo y la mente humanos (…) y aportan un enfoque renovado a conceptos como la vida y la muerte, la gestión del dolor y el sufrimiento, el derecho y el poder de controlar la propia vida, y los derechos y responsabilidades compartidos hacia los demás y hacia la naturaleza ante las graves amenazas a nuestra salud y bienestar.¹
Como afirma Javier Gafo en su artículo Historia de una nueva disciplina: La Bioética, la bioética surge como un término nuevo que pretende enfrentarse a una realidad antigua. Es este autor quien cita a Van Rensselaer Potter, el primer estudioso que definió la bioética, quien la describió como el estudio sistemático de la conducta humana dentro de las ciencias de la vida y de la salud, examinada a la luz de los valores y principios morales.
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en el ámbito de las ciencias humanas y de la asistencia sanitaria, en la medida en que dicha conducta se examine a la luz de los valores y principios morales.²
Así pues, podemos ver cómo la bioética puede considerarse una disciplina relativamente nueva; sin embargo, como bien señala Gafo, el contexto en el que se desarrolla es antiguo. De hecho, dentro de la cultura occidental, el Juramento Hipocrático -que data de los siglos VI-I a.C.- puede presentarse como un documento histórico que resume las obligaciones éticas básicas que debe observar un médico en el ejercicio de la profesión.³ El mismo autor explica que pueden encontrarse marcos éticos similares en otras regiones del mundo, citando como ejemplos el juramento de iniciación de la India, el Juramento de Asaf entre los judíos, el Consejo de un Médico en la medicina árabe, los Cinco Mandamientos y los Diez Requisitos de Chen Shij Kung, un médico chino. En todos estos documentos pueden identificarse puntos comunes esenciales, sobre todo de carácter ético: la necesidad de que el médico alivie el sufrimiento, la santidad de la vida humana y la santidad de la relación entre médico y paciente.⁴.
Sin embargo, el resurgimiento de la bioética se hace especialmente evidente a partir de los años 60, junto con los grandes avances tecnológicos de la biomedicina. Estos avances permitieron la aparición de la diálisis, el trasplante de órganos, la píldora anticonceptiva, el diagnóstico prenatal, los respiradores artificiales, las primeras aproximaciones a la ingeniería genética y, al mismo tiempo, una creciente conciencia del vínculo entre las cuestiones medioambientales y el progreso económico.⁵.
Así pues, la bioética surgió como respuesta social a los cambios tecnológicos que estaban afectando a los seres humanos y a su entorno. Esta tarea, sin embargo, distaba mucho de ser sencilla, pues exigía abordar cuestiones complejas y afrontar nuevos dilemas morales que no podían dejarse únicamente en manos de la buena voluntad de los médicos o de la presunta sabiduría de sus decisiones individuales. Por este motivo, la bioética tuvo que afrontar, desde sus inicios, el reto de dar respuestas estructuradas, interdisciplinarias y éticamente fundamentadas a estas cuestiones emergentes.
como bien explica Callahan, esto implicaba dos tareas fundamentales: en primer lugar, borrar la supuestamente clara línea que se había trazado entre hechos y valores, y cuestionar la creencia de que los individuos bien formados en ciencia y medicina eran capaces de tomar no sólo decisiones médicas, sino también morales; y en segundo lugar, encontrar o desarrollar la metodología necesaria para abordar estos nuevos problemas morales.⁶
De la respuesta a estas dos tareas surgió el campo de la bioética. Quedó claro que los problemas morales debían abordarse de forma interdisciplinar, ya que implicaban distintos tipos de valores. También se aceptó que la bioética debía incluir la ética médica. Basándose en este carácter interdisciplinar, empezaron a desarrollarse distintas ramas de la bioética vinculadas a áreas de investigación más amplias. Callahan las estudia en cuatro bloques: la bioética teórica, relacionada con los fundamentos intelectuales de la disciplina; la bioética clínica, que se refiere a la toma de decisiones morales cotidianas de quienes atienden a los pacientes; la bioética normativa, que incluye las normativas y políticas bioéticas, las normas jurídicas o clínicas y los procedimientos diseñados para ser aplicados en casos concretos o en prácticas generales; y la bioética cultural, que se refiere al esfuerzo sistemático por relacionar la bioética con el contexto histórico, ideológico, cultural y social en el que se expresa.⁷
Siguiendo en la misma línea de pensamiento, la bioética se basa en principios. Juan Carlos Siurana Aparisi, en su ensayo Los principios de la bioética y el surgimiento de la bioética intelectual, explica que el debate en torno a los principios comenzó en 1974, cuando el Congreso de Estados Unidos creó la Comisión Nacional para la Protección de los Sujetos Humanos de la Investigación Biomédica y del Comportamiento. Esta comisión elaboró el Informe Belmont, en el que se identificaron tres principios éticos básicos: respeto a las personas, beneficencia y justicia.⁸ El mismo autor explica que, posteriormente, …
…a la formulación de estos tres principios, y puesto que el Informe Belmont se basaba únicamente en la investigación clínica, en 1979 Tom Beauchamp y James F. Childress volvieron a examinarlos y redefinieron los principios como sigue: no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia.⁹
La no maleficencia consiste en el deber de no perjudicar a nadie.¹⁰ La beneficencia implica la exigencia de que el médico emplee sus mejores esfuerzos para hacer el bien. El principio de autonomía implica el reconocimiento de la capacidad de decisión de los pacientes, y el principio de justicia trata de evitar la discriminación entre casos iguales por criterios económicos, sociales, raciales o religiosos.¹¹
Todos estos principios han sido objeto de críticas. Por ejemplo, Gafo, en el ensayo citado varias veces a lo largo de este texto, señala que algunos autores consideran que el principio de beneficencia es, ante todo, una actitud ideal de perfección moral y, por tanto, no una obligación de hacer el bien. En este sentido, no es lo mismo justificar que hacer el bien es moralmente correcto que afirmar que es moralmente obligatorio.¹² La principal crítica a este principio reside en su riesgo de paternalismo.¹³
Otra crítica a los principios, en términos generales, se refiere a su falta de jerarquía. A este respecto, Miguel Julián Viñals, en un ensayo titulado Fundamentos de Bioética para las Ciencias de la Salud: Una perspectiva positiva, afirma
«(…) cada uno de estos principios tiene el mismo nivel o importancia, y en caso de conflicto entre varios de ellos -como ocurre con frecuencia en bioética- debemos recurrir al análisis del caso concreto para determinar cuál debe prevalecer. Esto puede conducir (…) a un cierto relativismo, a excepciones que no están plenamente justificadas o que se convierten en predominantes, o a situaciones en las que, en la práctica, …»
…el principio de autonomía acaba teniendo de facto primacía sobre los demás.¹⁴
Todo lo expuesto anteriormente nos permite formarnos la opinión de que la bioética es una disciplina interdisciplinar. Su desarrollo está estrechamente vinculado al campo de la medicina, pero también implica al medio ambiente y a las ciencias sociales en general. Por ello, puede concluirse que su fundamento es interdisciplinar y que, en todos los aspectos relacionados con su fundamentación, su definición y sus principios, el ser humano emerge como su principal protagonista.
Bibliografía
Callahan, Daniel. Bioética. En Warren Thomas Reich (Ed.), Enciclopedia de Bioética (2ª ed.). Nueva York: Simon & Schuster Macmillan, 1995. Publicado en la Revista Selecciones de Bioética, nº 2, Bogotá, 2002.
Callahan, Daniel. «Bioética». Enciclopedia de Bioética. Materiales del curso, p. 2-4.
Gafo, Javier. Historia de una nueva disciplina: La Bioética. Revista Razón y Fe, 1996, p. 88.
Gafo, Javier. Historia de una nueva disciplina: La Bioética. Materiales del curso, pp. 3-6.
Potter, Van Rensselaer. Bioética: Un Puente hacia el Futuro. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1971. Citado por Gafo, Javier.
Siurana Aparisi, Juan Carlos. «Los principios de la bioética y el surgimiento de la bioética intercultural». Disponible en línea en:
https://www.redalyc.org/html/2911/291122193005/
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